Experiencia crucero

Yo era de las personas que tenía ciertos prejuicios con respecto a los cruceros y en mi mente guardaba el pensamiento de que un viaje de esas características lo realizaría después de muuuchos otros en el camino viajero. Finalmente, al momento de planificar nuestra visita al país griego, surgió la idea de hacer un crucero como un modo de facilitar la visita a las distintas islas teniendo hospedaje y traslados garantizados.

Y así fue que nos embarcamos en el Celestyal Cristal en el puerto de Pireo en Atenas y, a medida que navegábamos, todos los mitos y los prejuicios que me había formado fueron desvaneciéndose junto con la maravillosa experiencia.

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Pero… ¿qué tienen de especial los cruceros que terminan atrapándote?

1- LA ATENCIÓN Y SERVICIO A BORDO

Desde el primer minuto que uno ingresa al crucero se siente como si todo estuviera planeado para ponerse totalmente en modo descanso, no hay nada en que pensar; existe una atención de parte del personal que hace que uno se sienta muy a gusto.

Por otro lado, está la parte gastronómica que prácticamente se encuentra disponible las 24 horas del día. En el crucero hay algunos restaurantes a la carta, donde la vestimenta debe ser adecuada al lugar y la atención es más personalizada, pudiendo disfrutar hasta de alguna serenata o el canto del feliz cumpleaños por parte del personal y, por otro lado, está el bufete donde todo es más informal y cada uno se sirve su comida eligiendo entre la inmensa variedad que hay a disposición.

El entretenimiento a bordo está diseñado para no dejar ningún espacio de tiempo sin algo para hacer; pudiendo elegir, por supuesto, entre realizarlas o no y, en tal caso, optar por recostarse en las reposeras a leer un libro o tomar sol, ir a la picsina, tomar café o alguna bebida en los distintos bares, ir al casino o hacer compras.

En este punto quiero destacar los espectáculos nocturnos, que cada noche nos deslumbran con temáticas diferentes que realmente no tienen desperdicio.

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Espectáculos nocturnos
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Instalaciones a bordo
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Terraza
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2- TRASLADOS Y HOTELERÍA GARANTIZADOS

Tal vez este sea uno de los principales motivos por los cuales uno se inclina por hacer un crucero, aunque luego de tener la experiencia estos motivos muten y se multipliquen por montones.

El hecho de estar instalado cómodamente en una cabina, disfrutando de las instalaciones del crucero, atendido de maravillas y que, de pronto, el destino aparezca sin haber hecho ningún esfuerzo es una gran ventaja.

Estando en un crucero no habrá que pensar en traslados, trámites, demoras ni esperas, todo está solucionado.

En lo que si tendrán que prestar atención es en los horarios en que zarpa el barco de cada puerto que visita, a la hora determinada el crucero se va y se va en serio, no espera a nadie.

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Nuestro camarote
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Así nos preparaban el camarote a la hora de ir a dormir.
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3- LA CALIDEZ HUMANA

Esto es algo que a mí particularmente me llamó la atención. No se si será por el hecho de convivir durante tantos meses, de pasar mucho tiempo fuera de sus casas y de sus países, pero realmente entre la tripulación se siente una hermandad, entre ellos y con el personal de los puertos a los que arriban. Se ayudan, se acompañan y realmente se ven como una gran familia y esa sensación te llega y hace que todo el recorrido sea aún más placentero.

4- LA POSIBILIDAD DE CONOCER VARIOS DESTINOS

En un solo viaje uno puede conocer una variedad de lugares a los que tal vez no iría si tuviera que hacerlo por tierra o por aire. Es posible que al amanecer uno se encuentre en un nuevo puerto y tenga todo el día para recorrerlo. En nuestro caso, además, el barco pasó una noche en algunos destinos y eso extendió el tiempo para conocerlos.

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5- EXCURSIONES EN CADA DESTINO

Al llegar a cada sitio tendrán una excursión que esta incluida en los paquetes de viajes que uno contrata, la cual brinda guías especializados y transporte. Además, durante el viaje y antes de llegar a los diferentes puertos, existe la posibilidad de contratar alguna otra que no haya estado incluida.

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Como conclusión puedo afirmar que la “experiencia crucero” me sorprendió, resultó ser sumamente atractiva y gratificante. Tal vez mi error al pensar en un viaje de estas características estuvo en poner el foco en los sitios que iba a conocer; definitivamente si el deseo de uno es recorrer en profundidad algún lugar y sacar el mayor provecho, el crucero no sea lo más recomendable. Considero que para conocer a fondo un destino, como mínimo se necesitan dos o tres días, y en este caso solo habrá unas horas en cada puerto, lo cual  permite tener un pantallazo, saber si nos gustó o no, pero le faltará la intensidad  necesaria que hace que uno se vaya con una sensación más vívida del lugar. Por esto, la mirada al subirse a un crucero debe ponerse en lo atractivo de sus comodidades, en la amabilidad y la atención permanente, en la comida, en la diversión y entretenimiento y en el descanso. Conocerán ciudades, islas y pueblos, sí; tomarán sol en alguna playa, sí;  pero el encanto del viaje en crucero está ahí, en el crucero.

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